La solidaridad humana ha existido desde siempre. Entendernos como parte de la misma especie nos ha permitido sacrificarnos para salvar la vida del prójimo.

Lo que se ha denominado como “Ayuda Humanitaria” es solo la expresión institucionalizada e internacionalizada de ese deseo.

Imparcialidad. Neutralidad. Estos pilares de la ayuda humanitaria han estado con nosotros desde el establecimiento de la Cruz Roja Internacional en los múltiples Convenios de Génova. Dichos acuerdos, que se han reformulado desde mediados del siglo XIX, han nacido para aminorar los efectos humanos de los conflictos armados.

Como organización judía, seguimos sintiendo el trauma de la Segunda Guerra Mundial. Después de ésta, se establecieron de nuevo las Leyes Internacional de Ayuda Humanitaria—documento que es nuestra estrella polar.

Desgraciadamente, la ayuda humanitaria hoy en día no sólo contempla los efectos de conflictos armados. El calentamiento global, por medio de sus tormentas, huracanes, sequías y incendios y demás fenómenos meteorológicos, ha expuesto a cada vez más gente a los desastres naturales.

En CADENA hemos recorrido el mundo en búsqueda de ese encuentro con el otro. Buscamos experimentar la solidaridad que nuestro Secretario General experimentó al llegar a Mozambique, después del desastre del ciclón Idai:

“Nos unimos al cluster de Naciones Unidas; ahí nos dimos cuenta de que los actores humanitarios que toman el liderazgo entre todas las agencias y las ONG´s como nosotros, representan un verdadero triunfo de la humanidad, pues con una mirada profunda, sin importar la raza, las creencias, culturas, nacionalidades, múltiples idiomas o el color del uniforme, todos los presentes trabajaron por un único objetivo: traer esperanza y ayudar a la gente de Mozambique.

No tengo duda, el mundo debería de ser como un cluster.”

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