Desde hace tiempo, innumerables pueblos han celebrado el solsticio de invierno prendiendo luces, brindando una inyección de alegría y entusiasmo a sus comunidades para poder sobrevivir las largas, frías y oscuras noches.  De eso, precisamente, trata la fiesta de Janucá, conocida como «jag haurim», o la fiesta de las luces. En ella recordamos a nuestros héroes, los Macabeos, luchadores por la causa de la libertad, la dignidad humana y el derecho de los pueblos a existir.

Para que estas costumbres milenarias adquieran relevancia hoy en día, necesitan estar acompañadas por acciones concretas y rotundas. Como judíos, en cada generación debemos preguntarnos cuál es la lucha que debemos de pelear, qué realidades puntuales queremos cambiar y, con ello, poner el ejemplo al resto de planeta para sembrar mejores condiciones para nuestra sociedad.  

En CADENA recibimos una potente lección sobre estos temas en una isla del caribe. 

La isla de Ábaco en las Bahamas era un lugar paradisiaco con una población de 17,000 personas y bonitas casas de madera junto un mar azul y transparente. Todo eso cambió hace tres semanas, cuando el Huracán Dorian, con sus vientos de 300 kilómetros por hora, se estacionó sobre la isla.

La tormenta de categoría 5, la más grande en la zona, fue una fuerza destructora que no se retiraba.  Cuando por fin siguió su curso, dejó desamparada a los más vulnerables: haitianos, dominicanos y demás inmigrantes ilegales sin papeles para viajar; ancianos y ancianas de la tercera edad sin fuerzas para moverse a otro lugar.

Cuatro voluntarios de CADENA arribamos al aeropuerto Treasure Kay, que había sido recién habilitado, tan pronto pudimos.

misión bahamas

Parecía como si hubiera estallado una bomba. Todas las construcciones (excepto el hospital, el edificio de gobierno y una que otra iglesia, que servían como centros de acomodamientos) estaban aniquiladas. Para movernos por la isla tuvimos que usar un coche que encontramos y gasolina que nos donaron ONGs que ya estaban en el área.

El objetivo: hacer trabajo psicosocial y consultas prehospitalarias y entregar 418 lámparas solares.  Éstas fueron sin duda, el bien más importante y popular que regalábamos.  

Todavía no hay electricidad en muchas partes de la isla.  Las lámparas, que se cargan con la luz del sol, también funcionan para cargar celulares. Muchos de los que se quedaron no tenían contacto con sus seres queridos, no les podían avisar que estaban vivos: las lámparas solares les permitieron hacer eso.

Un segundo grupo de voluntarios en la isla zarpó de Veracruz junto con la Marina Mexicana para hacer entrega mano a mano de 60 toneladas de ayuda. Además de eso, junto con el embajador de Israel estamos tratando de traer tecnología israelí que ayudará a reciclar basura y traer agua.

No teníamos espadas ni escudos. No luchábamos contra los helenistas, ni teníamos a Yehuda como líder. Sin embargo, nos sentíamos como Macabeos: haciendo un mundo mejor, cambiando la realidad y reparando lo que está roto.

Toda esta gente recibió mucho más que una lámpara solar. Recibió un gesto de hermandad, un abrazo de este pueblo de Israel que entiende bien, por experiencia propia, lo valioso que es que alguien tienda una mano en momentos de oscuridad.

Jag Sameaj.

Benjamin Laniado, Secretario General de CADENA.

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