Día Internacional de los Voluntarios

CADENA nació en un restaurante. Un grupo de amigos estaba comiendo cuando, en la televisión, circularon imágenes de Huracán Stan: en Chiapas varios cerros se habían deslavado y la vida de miles de personas estaba en riesgo.

En vez de pasar por alto esta información, los amigos decidieron actuar. Después de hacer la travesía en camiones con toneladas de ayuda donada por la Comunidad Judía de México, se dieron cuenta de que ellos eran los mayores beneficiarios. Donar tu tiempo y tus recursos sin fines de lucro, es participar en el proyecto de la humanidad.

12 años han pasado desde ese momento y ahora podemos afirmar que nuestro recurso más importante es, por mucho, nuestros voluntarios. Hoy contamos con una base de datos de más de 4,000 personas listas para ayudar a un completo extraño que se encuentra en situaciones de vulnerabilidad. En las palabras de nuestro Director, Benjamin Laniado: “Los voluntarios son la musculatura que nos ha permitido cambiar la vida de casi un millón de personas.”

Por eso celebramos este 5 de diciembre el Día Internacional del Voluntariado para el Desarrollo Económico y Social.  

Creemos que es fundamental promover la cultura del voluntariado a nivel internacional. Según el John Hopkins Center for Civic Societies, los países en donde más se hace voluntariado son Estados Unidos, con 41.9% de la población realizando alguna actividad de manera voluntaria anualmente, seguido por Nueva Zelanda (41.53%) y Noruega (38.93%).

Por desgracia México se encuentra en el lugar 25 a nivel internacional, con un 10% de la población haciendo trabajo voluntario; según el INEGI, en 2015, más de 2 millones de personas participaron como voluntarios, anualmente. Nos parece fundamental que esto cambie, pues, aunque hay muchas personas que requieren de ayuda, también hay muchas personas que la pueden dar.

Te invitamos a que te embarques en la aventura del voluntariado: no te arrepentirás.

 

CADENA atendió a migrantes centroamericanos.

Como asociación humanitaria, nuestro deber es atender a cualquier persona que se encuentre en una situación vulnerable––sin importar religión, sexo, nacionalidad o lugar de origen. Como asociación nacida en al comunidad judía, sabemos que pocas personas migran por gusto; la historia humana se ha caracterizado por estos desplazamientos y no podemos ser indiferentes.

Es por eso que, el pasado 20 de octubre, realizamos una misión para atender a miembros de la Caravana Migrante que se quedaron en la ciudad de Tapachula, en Chiapas, para tramitar su estatus de refugiados.

Atendimos a personas como Karina, una madre de 19 años que huyó de la violencia de una pandilla Hondureña peligrosa, a la cual pertenecía su marido, sin avisarle a nadie, ni siquiera a sus padres.  O Carlos, un guatemalteco de 58 años, que había ya realizado el viaje a los Estados Unidos antes y se había asentado en Tijuana, donde ahora tiene su familia.

Gracias al apoyo económico de la organización internacional Start Network, y en conjunto con Protección Civil del Estado de Chiapas  y la Organización Internacional para la Migración, hemos entregado 1,128 kits de higiene, 1,000 tratamientos para piojos y 336 paquetes de toallitas desinfectantes en 5 diferentes albergues.

Al mismo tiempo, continuamos operaciones para aquella víctimas de desastres naturales en Tabasco, Veracruz y Nayarit. De esta manera, también atendemos a los connacionales que más lo necesitan.

Bajo el lodo. Los estragos de Vicente.

El 21 de octubre,  la tormenta Vicente causó fuertes lluvias, tormentas eléctricas, deslaves e inundaciones en la Sierra Norte de Oaxaca, dejando 11 muertos y muchos más damnificados. 

Dos días después de los hechos, Julio Morales y Ariela Milstein, voluntarios de CADENA, realizaron  una misión de avanzada para analizar la situación. “En el camino a Metaltepec había un gran derrumbe a la mitad de la carretera, tuvimos que dejar el coche y cruzar caminando, ” dice Julio, “había varios hombres buscando los cuerpos de una familia que estaba pasando por ahí cuando el cerro se cayó.”  

Refugios, picos, palos, catres, colchonetas: estas fueron algunas de las necesidades inmediatas detectadas por ambos. Por eso, el 1 de noviembre salió de la ciudad de México un grupo de 11 voluntarios para realizar una misión Mano a Mano y hacer entrega de estos y más artículos de necesidad.

Ariela Milstein, líder de la segunda misión, comenta: “Fuimos a La Candelaria y Tepitongo. En Tepitongo no había llegado nadie ya que los derrumbes habían bloqueado el acceso. Ahí se cayeron las paredes de la escuela, que ya tenía grietas después del sismo del año pasado.”

Los voluntarios ayudaron a varias familias a sacar lodo de sus casas y secar sus pertenencias. En total se apoyaron a 700 familias con 200 cubetas, 200 filtros de agua, 2100 toallas femeninas, 30 palas, 25 carretillas, kits de higiene y ropa.

Asi fue. Crónica de la misión a Indonesia.

«La Dra Joanne Joloy, Directora de Expansión Internacional de CADENA,  habla sobre la última misión para atender a los afectados de los sismos––y el tsunami––de Indonesia el 28 y 29 de septiembre. Se estima que 1.5 millones de personas han sido afectadas por estos hechos, hay casi 42,000 personas desplazadas y un estimado de 1,200 personas fallecidas.

“Salimos el 3 de octubre de México a Los Ángeles y de ahí a Taiwán. De ahí, tomamos un vuelo rumbo a Jakarta pero, apenas pasados 40 minutos, alguien en el avión gritó. Las aeromosas solicitaban un médico en el avión, pero nadie respondía. Al acercarme a ver qué había sucedido, me di cuenta de que era un paciente que estaba “boqueando” (en sus últimas respiraciones).

Al no poder comunicarme no lograba entender qué había sucedido. El paciente cayó en paro cardiorrespiratorio iniciamos con maniobras de reanimación arriba del avión en lo que el piloto regresaba al aeropuerto más cercano. Este evento demoró más de 45 minutos y el paciente desgraciadamente, murió.

El evento nos demoró casi seis horas, pero una vez en Jakarta compramos boletos para Gorontalo, y de ahí formamos parte de una caravana para llegar a la zona cero. El trayecto duró 28 horas, 12 de las cuales las pasé en la cajuela de una camioneta, junto con la voluntaria Gabriela Achar. De camino se veían playas muy bonitas, yo no podía creer que íbamos rumbo a una zona de desastre.

 

Entrar a Palu fue entrar al fin del mundo. Absolútamente todo estaba destruido. Había un olor a muerto que nunca antes había percibido en mi trayectoria humanitaria; tuve que ponerme una tela en la boca y en la nariz. Estuvimos en la zona cero durante el día y nos regresamos antes de que anocheciera, ya que había hecho erupción un volcán cercano. De regreso nos paramos en una comunidad que estaba encima del agua, para jugar con niños afectados.  

Esta misión fue particularmente difícil por la barrera del lenguaje. Desde el avión hasta la zona cero, fue muy difícil comunicarse con los lugareños, ya que no hablaban español, inglés o francés.”

En total CADENA entregó 200 filtros de agua Sawyer, que impactarán la vida de más de 16,000 personas afectadas, que no cuentan con acceso a agua potable.»

Así fue. Crónica de la misión a Sinaloa.

El 20 de septiembre se declaró a Sinaloa como estado en emergencia debido a las severas inundaciones causadas por la intensa lluvia en la región.  3,152 personas fueron evacuadas de sus hogares, hubo 350,000 viviendas dañadas y 52,000 familias afectadas.

En una primera avanzada, miembros de Equipo de Rescate GoTeam viajaron a Sinaloa –– llevando consigo filtros de agua, apoyo médico y psicológico–– para hacer un diagnóstico de las necesidades.

Este domingo una segunda misión de ayuda con 25 voluntarios, salió hacia Culiacán. Ana Paula Villegas, que trabaja en CADENA como gestora de Alianzas Estratégicas y Vivencias, nos cuenta su experiencia:

“Llegamos a las 6 de la mañana a Culiacán y, después de dejar las cosas en el hotel, fuimos con la fundación AFOMAC (Asociación Pro Formación y Orientación de la Mujer) a sus bodegas, que se encontraban a una hora de camino y en la cual ya estaba todo el cargamento que había salido desde México el viernes anterior. En total teníamos 743 catres, 800 cobijas, 160 kits de higiene personal, 10,350 productos de limpieza, 160 kits familiares de ropa interior y 150 filtros purificadores de agua.

Ese día fuimos a la comunidad del Platanar ––ubicada a una hora de distancia–– donde dimos colchonetas y brindamos ayuda psicológica; luego, a la comunidad próxima de Casablanca, un poblado de 27 personas que no había recibido ninguna ayuda. En estos lugares se veía que el sol había evaporado toda el agua; el suelo estaba irregular,  había muchos mosquitos y olía a agua sucia (el río desbordado era de aguas negras); de vez en cuando se veía un zapato tirado que había sido arrastrado por la corriente.

Al día siguiente, de camino a la comunidad del Poblado vimos a un señor que estaba sacando sus colchones y su catre al sol para secar. En el Poblado había familias de siete personas sin un lugar seco para dormir.

Me tocó ir a casa de Doña Margarita: su cocina había quedado totalmente cubierta por el agua; una semana y media después, está todavía cubierta por diez centímetros de lodo. La ayudamos a sacar la estufa, el sistema de sonido, la ropa y los juguetes que habían quedado bajo el agua. Luego sacamos el lodo hasta que pudimos ver algo del piso de concreto.

“En el agua había cocodrilos”, nos dijo Doña Margarita; durante las primeras noches como desplazada, ella tuvo pesadillas con estas criaturas. Cuando regresó a su casa se llevó un tremendo susto al ver a uno de ellos dentro. Resultó ser un tronco que había sido arrastrado.

El martes fuimos a la Palma, donde pasamos tres o cuatro horas repartiendo ayuda y trabajando con la salud mental de los niños por medio del los libros de resiliencia. Ese mismo día regresamos a la ciudad de México, después de trabajar bajo un sol de 36 grados en donde ningún tipo de protección solar sirve.»

“Mi experiencia como voluntario de CADENA”

Por Ari Gloger, voluntario de CADENA Chile y encargado de Alianzas Estratégicas y Fundraising:

Es dificil de explicar, lo que es participar en una misión de ayuda Mano a Mano. He estado en el Cajón del Maipo entregando ropa y comida a personas en condiciones precarias para ayudarlas a pasar de mejor manera el frío invierno; y, en la frontera de Colombia con Venezuela, entregando filtros de agua y lámparas solares a miles de venezolanos desplazados por la crisis humanitaria de su país. En ambos casos, los voluntarios nos encontramos con historias de personas que luchan, día a día, por salir adelante.

Estas vidas ocurren de manera paralela a las nuestras y son muchas veces invisibles en nuestra sociedad consumista. Me llena de satisfacción saber que estamos mejorando la vida de estas personas. Sí, ayudamos con bienes materiales —efectivos en la solución de problemas cotidianos—pero, sobre todo por medio de la interacción humana. Porque un corazón abierto, unos oídos dispuestos a escuchar, y unos brazos extendidos en un abrazo son muchos mas valiosos que cualquier bien material.

Es nuestro deber moral hacernos cargo de situaciones a las que no podemos ser indiferentes. A través de sus voluntarios, CADENA llega al corazón de las personas a las que ayuda.  Quizas no podremos sacar a la persona de su problema, pero nuestro apoyo emocional, nuestra capacidad de visibilizar su condición en comunidad internacional y sobre todo, el simple hecho de demostrarles que no están solos, hace una enorme diferencia.

Estar en el campo de acción con voluntarios de todas partes del mundo unidos por el mismo ideal ha sido de las experiencias más impresionantes que me ha tocado vivir.  Recorrer Colombia, escuchar, de primera fuente, las atrocidades de las que tienen que escapar tantos venezolanos; ver las condiciones —sin agua potable, sin asistencia médica, a merced de las guerrillas y lejos de sus seres queridos—en las que tienen que subsistir  y poder colaborar con un granito de arena para aliviar su situación y su dolor es, sin duda, una labor que me ha cambiado la vida y me hace mirarla, ahora, con otros ojos.