Día Internacional de la Beneficiencia

La beneficencia contribuye a la creación de sociedades inclusivas y resistentes, permite aliviar los peores efectos de las crisis humanitarias, ayuda a concienciar sobre los derechos de los marginados y desfavorecidos, y permite guardar nuestra humanidad en situaciones de conflicto. Según la ONU: ”La beneficencia puede contribuir a la promoción del diálogo, la solidaridad y la comprensión mutua entre las personas.”

El Día de la Beneficiencia se conmemora para celebrar el fallecimiento de la a Madre Teresa. La Madre Teresa nació en 1910 en la antigua Yugoslavia; en 1928 se fue a la India, donde se dedicó a ayudar a los indigentes. En 1948 se hizo ciudadana india y en 1950 fundó la orden de las Misioneras de la Caridad en Calcuta. Durante 45 años ejerció su labor, que alcanzó notoriedad por su trabajo entre los más pobres y los moribundos. En 1979, ganó el Premio Nobel de la Paz. Para ella, «la pobreza y la angustia constituyen una amenaza a la paz».

La beneficencia no solo es necesaria. Es urgente. En este momento estamos realizando una misión de gran importancia para atender a los afectados del huracán Dorian. Con vientos de hasta 300 km/hr, el huracán Dorian es el más fuerte en azotar las Bahamas desde que se tiene registro. Un millón de personas han sido desplazadas por el posible paso del huracán. Florida, Georgia y Carolina del Sur se encuentran en alerta máxima.

Los equipos internacionales de evaluación de daños y de búsqueda y rescate del Go Team CADENA, se encuentran preparados para salir y brindar ayuda. Pero necesitamos de ti.

Apoya con una donación. Puedes salvar vidas.

Humanos al borde de la existencia: crónica de la misión a Turkana

 Las comunidades semi-nomádicas de Turkana (Kenia) están en jaque: sus ganados han muerto, sus plantíos también. No hay agua ni comida. El fenómeno meteorológico El Niño Turkana y el calentamiento global los han orillado al borde de la existencia.

Por eso CADENA realizó una misión para ayudar.   El 27 de mayo, el grupo de 26 voluntarios –de Sudáfrica, Estados Unidos y México—partió de Nairobi a Lodward en avión, donde pasaron una noche para tomar otra avioneta y llegar a Turkana; una vez ahí, tomaron Jeeps para atravesar, durante cinco horas, un interminable desierto.  

26 voluntarios –de Sudáfrica, Estados Unidos y México— frente al Jeep en el campamento de ayuda.

La misión se coordinó desde marzo 2019.  Abril Páez, Directora de Emergencias, llegó a Nairobi cinco antes de que llegaran los voluntarios, para conseguir medicinas, comida y pruebas de malaria junto con la directora de Misiones Internacionales, Erika Glanz.

“Durante los vuelos, los paisajes eran increíblemente áridos” dice Sofía Tuachi, voluntaria mexicana de 20 años que trabaja en la Comunidad Sefaradí, “era un color café homogéneo, no se veía ni una sola señal de agua.”

Después de más de 25 horas de viaje, el convoy por fin llegó a su base de operaciones, un pequeño campamento—sin agua, ni luz, ni baños—en la mitad del desierto. Inmediatamente después de llegar, los voluntarios se dividieron en grupos para atender a los niños, organizar la ayuda y separar las medicinas.

“De pronto se escuchó un ruido muy fuerte,” comenta Tuachi, “nos acercamos y vimos que miles de señoras estaban cantando y bailando, era una bienvenida. Me senté con una señora mayor que se llamaba María, que me tomó de las manos y entré en un tipo de trance. No sentía nada, solo calor. Y de repente abrí los ojos y una niña estaba llorando en frente de mi. Le sonreí. Se sentó en mis piernas y me abrazó: fue un momento de claridad.”

Mientras esto sucedía, la doctora de la misión Sofía Canales Albarrán ya había organizado un pequeño consultorio en una construcción de dos cuartos junto con Derrick, un doctor local y Joseph, quien le ayudó a coordinar las visitas. 

 “El reto principal fue conseguir un traductor.” dice Canales, “yo había estudiado algunas frases en suajili, pero ahí hablaban un dialecto que se llama Nturkana. Un niño, Columbus, me ayudó en esto. Fue mi mano derecha durante toda la misión.”

Derrick, Columbus, la Dra. Canales, y Joseph frente al consultorio temporal.

Aquel primer día, Canales trabajó ocho horas sin descansar, mientras que afuera del consultorio más de ochenta personas se formaban para recibir consulta médica por primera vez en su vida.

Canales, que ha realizado siete misiones humanitarias—cinco cortas en México, una estancia de seis meses en Vietnam y una, de un mes, en la India—dice que nunca ha visto nada igual: “No importa cuánto te lo platiquen. Nada te prepara para ese shock.”

Durante los 4 intensos días de la misión—mientras los demás voluntarios entregaban comida, jugaban con los niños, enseñaban el uso de toallas sanitarias y entregaban lentes— Canales atendía de 60 a 70 pacientes por día.

Entre ellos: una señora que no podía caminar por una severa infección estomacal; una joven a la que una espina de siete centímetros le había atravesado el dedo del pie; y un bebé que tenía neumonía y requería de terapia intensiva: “Era el bebé más desnutrido que he visto en toda la misión” comentó Canales, “un niño de tres años que no se podía parar porque sus piernas no le aguantaban el peso del cuerpo.”  

Por su parte, Tuachi, que pasó el tiempo con los niños, pensaba que la despedida iba a ser brutal: “Al final del periodo, en el camión de regreso, pensé que iba a ser un manojo de llanto. Pero al final salí con una sonrisa y el corazón lleno. No importó el hecho de no tener baños, o estar a la intemperie. El fin siempre fue entregarse por completo. Y eso me dejó mucho más.”

En total, en la misión se donaron gafas de sol (para cataratas), cepillos de dientes, toallas sanitarias ecológicas, ropa de bebé, zapatos, suministros escolares y 21 toneladas de comida a 9.119 personas—entre ellos 1.718, mayores de edad y 2.219 niños. Además, se atendieron a 262 personas.

Esta no es la primera vez que realizamos este tipo de misiones; desde hace cinco años visitamos Kenia con el afán de ayudar, y el próximo año regresaremos para brindar ayuda a los que más la necesitan: “El compromiso humanitario trasciende fronteras,” el Secretario General de CADENA, Benjamín Laniado, mencionó “como organización internacional, movemos mar y tierra para llegar a dar un poco de esperanza a los que viven en los lugares más recónditos del mundo.”

Día Internacional del Rescatista

Hoy, que se celebra el Día Internacional del Rescatista, queremos tomar el tiempo para agradecer a todos los voluntarios de CADENA que ponen en juego su vida para salvar las de otros. El rescatista es el vínculo más inmediato e importante después de un desastre: cuando se trata de una emergencia, la diferencia entre la vida y la muerte depende de la velocidad de la atención y de los conocimientos y destrezas del profesional interviniente.

Wolf, uno de nuestros rescatistas, con nuestro perro Enzo buscando vidas en un edificio colapsado.

Por esto CADENA formó el Go Team, un equipo internacional de ayuda humanitaria entrenado en la ISHA (Israeli School of Humanitarian Aid), una de las escuelas de ayuda humanitaria más prestigiosas del mundo, en Israel.

El Go Team se capacita constantemente para estar siempre listo ante cualquier eventualidad nacional o internacional; se especializa en rescate en estructuras colapsadas y en aguas blancas. También trabaja en rescates de altura, espacios confinados, protección civil y otras emergencias y cuenta con un perro rescatista, Enzo, que ha ayudado a salvar varias vidas.

Nuestro equipo ha atendido terremotos, inundaciones, huracanes, deslaves, explosiones, derrumbes, en Colombia, Perú, Ecuador, Puebla, Guatemala, Jalisco, Nepal, Filipinas, Turquía y Haití. Además, ha sido reconocido en el Palacio Nacional Mexicano por su trabajo en el sismo del 19 de septiembre que azotó la ciudad de México.

CADENA atiende a 1,500 familias afectadas por inundaciones en Paraguay.

Del 15 de marzo hasta el 11 de mayo se desató una hecatombe en Paraguay. Las lluvias, por lo general intensas durante esta época del año, fueron brutales.

En aquel periodo zonas de la región sufrieron de 100 a 400 mm de agua. Según el Ingeniero Miguel Kurita, de la Secretaria de Emergencia Nacional, el último evento de esta magnitud fue en 2014: «En ese entonces el evento afectó a 45,000 familias, hoy tenemos a 65,000.”

El golpe fue particularmente fuerte en el Departamento de Ñeembucú, donde los aguaceros afectaron 22,000 familias. “Los pobladores del inte­rior del departamento per­dieron todos sus cultivos de consumo” comentó el 14 de mayo Luis Benítez, gobernador de la región, “tardará unos seis meses para recuperarse. También los pequeños gana­deros están en una situación crítica, porque los campos se inundaron de agua.”

Ante esta situación el 18 de mayo partió hacia Asunción una misión de CADENA conformada por 12 personas, incluyendo a rescatistas, psicólogos, doctores y voluntarios de México, Argentina y Chile. Una vez en Asunción, el equipo sostuvo una junta con la Primera Dama, Silvana López Moreira, además de la Secretaria de Emergencias Nacionales, y el Ministerio de Salud.

Al terminar la reunión el equipo partió en un camión con dirección a la región de El Chaco: “El acceso a las comunidades fue muy complejo,” comentó Santiago Treviño, médico mexicano que participó como co-jefe de misión, “el camino se había inundado y había que atravesar como 1.5 metros lodo. “

“Fue una misión complicada, pero la entereza del equipo es lo que nos permitió sobrellevarla” mencionó Treviño, quien resaltó la importancia de estar ahí presentes para dar ayuda emocional, ”la conexión con las personas nos recuerda que siempre hay alguien que piensa en nosotros, siempre hay alguien dispuesto a tender una mano y que todos podemos hacer un cambio para reparar al mundo. Hacer tikun olam.”

En total el equipo atendió a 1500 personas por medio de consultas medias y atención psicológica. También se instalaron 200 filtros de agua Sawyer en 6 comunidades marginadas.

Día Mundial del Agua

Hacer frente a los desastres naturales es posible solo cuando las necesidades básicas están cubiertas. Sin acceso a agua potable no hay resiliencia comunitaria: el consumo de agua sucia genera enfermedades intestinales potencialmente mortales, especialmente en niños y adultos mayores, mermando cualquier capacidad de respuesta en todo tipo de crisis.

Instalación de sistema de captación de agua pluvial en Lagunas de Centla, Tabasco

Por desgracia, falta mucho para que todos tengan acceso a este elemento. Según la Organización Mundial de la Salud, 844 millones de personas no tienen acceso agua potable; es decir, tres de cada diez personas a nivel mundial carecen de agua potable en su hogar. En otras palabras: cada minuto, un recién nacido muere por infecciones causadas por falta de agua limpia.  En México más de 9 millones de mexicanos sufren de escasa agua potable.

Uno de nuestros ejes de acción en CADENA es atender esta necesidad. La mayoría de nuestras misiones tienen como objetivo proveer de agua a comunidades marginadas y vulnerables en México, Venezuela, Colombia, Guatemala, Puerto Rico y muchos países más.

Para ello, utilizamos los filtros de agua Sawyer—un dispositivo a base de membrana hueca, fácil de transportar, instalar y usar—que tiene la capacidad de filtrar hasta 800 litros de agua al día y, con un buen mantenimiento, puede durar hasta 5 años.  En diciembre del año pasado conectamos estos filtros a sistemas de captación de agua de lluvias en Tabasco, dándole acceso a agua potable de forma natural a cientos de afectados por la contaminación en las lagunas de Centla. 

Más recientemente, visitamos el sur de India, donde capacitamos a maestros de escuelas, afectadas por las inundaciones del 2018, en el uso de 300 filtros de agua. Si es bien mantenida, esta tecnología podría llegar a cambiar la vida de más de 60, 000 personas en la región.

Tinacos utilizados para proveer agua a la región de Kerala, India.

En CADENA creemos que este tipo de soluciones tácticas, de bajo costo y de largo plazo son la clave para la solución de los problemas más urgentes que enfrenta la humanidad. Sin agua no hay vida. La importancia de este recurso no se puede subestimar.

Día internacional de la mujer

Como trabajadores humanitarios, nuestra experiencia en el campo nos ha revelado la profunda desigualdad de género que impera en Latinoamérica y en el mundo. En las aldeas más propensas a todo tipo de riesgos naturales, las mujeres son muchas veces relegadas al trabajo del hogar. Irónicamente en situaciones de desastre este rol adquiere primacía, al ser las mujeres el pilar de la familia, que es el círculo más íntimo de resiliencia social. Sin embargo, al no tener el mismo acceso a la educación o a los mecanismos de toma de decisiones comunales como los hombres, las decisiones tomadas en esos contextos pueden tener consecuencias fatales.

Por desgracia, la desigualdad en términos de género es un fenómeno global. Un informe de ONU Mujeres de 2018 muestra que hay 4.4 millones más de mujeres que viven en la extrema pobreza, en comparación con hombres. Según el mismo reporte, 300,000 mujeres mueren anualmente por causas relacionadas con el embarazo. Entre grupos étnicos (como los indígenas o los afrodescendientes), de por si marginados, las mujeres son aún más; en 18 países los esposos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen, y 49 países carecen de leyes que protegen la violencia en el hogar.

Como organización latinoamericana, operamos en un contexto epidémico de violencia de género. Según un informe de Small Arms Survey de 2016, entre los 25 países del mundo con mayores tasas de feminicidios, 14 están en América Latina y el Caribe. En México, por poner un ejemplo, se asesinaron a siete mujeres cada día, en el mismo año.

Para nosotros el Día Internacional de la Mujer es una ocasión para abogar por justicia social.  Estamos convencidos de que esta desigualdad y violencia afecta el tejido social y merma la capacidad de resiliencia de las poblaciones, haciéndolas más proclives a ser afectadas por todo tipo de desastres.

Y es que, para los que trabajamos en la ayuda humanitaria, la igualdad de género no es un tema cultural: es de sobrevivencia.  Por eso buscamos empoderar a mujeres en posiciones de liderazgo, no solo por medio de programas como Brigadas por la Resiliencia sino también poniendo el ejemplo. En Miguel Hidalgo, Chiapas la arquitecta Paola Suarez lideró todo el proceso de reconstrucción de más de 100 viviendas, rompiendo, por medio de su liderazgo, los estereotipos locales y poniendo pauta para cambiar, aunque sea un poco, los roles de género.

Asi fue. Crónica de la misión a Indonesia.

«La Dra Joanne Joloy, Directora de Expansión Internacional de CADENA,  habla sobre la última misión para atender a los afectados de los sismos––y el tsunami––de Indonesia el 28 y 29 de septiembre. Se estima que 1.5 millones de personas han sido afectadas por estos hechos, hay casi 42,000 personas desplazadas y un estimado de 1,200 personas fallecidas.

“Salimos el 3 de octubre de México a Los Ángeles y de ahí a Taiwán. De ahí, tomamos un vuelo rumbo a Jakarta pero, apenas pasados 40 minutos, alguien en el avión gritó. Las aeromosas solicitaban un médico en el avión, pero nadie respondía. Al acercarme a ver qué había sucedido, me di cuenta de que era un paciente que estaba “boqueando” (en sus últimas respiraciones).

Al no poder comunicarme no lograba entender qué había sucedido. El paciente cayó en paro cardiorrespiratorio iniciamos con maniobras de reanimación arriba del avión en lo que el piloto regresaba al aeropuerto más cercano. Este evento demoró más de 45 minutos y el paciente desgraciadamente, murió.

El evento nos demoró casi seis horas, pero una vez en Jakarta compramos boletos para Gorontalo, y de ahí formamos parte de una caravana para llegar a la zona cero. El trayecto duró 28 horas, 12 de las cuales las pasé en la cajuela de una camioneta, junto con la voluntaria Gabriela Achar. De camino se veían playas muy bonitas, yo no podía creer que íbamos rumbo a una zona de desastre.

 

Entrar a Palu fue entrar al fin del mundo. Absolútamente todo estaba destruido. Había un olor a muerto que nunca antes había percibido en mi trayectoria humanitaria; tuve que ponerme una tela en la boca y en la nariz. Estuvimos en la zona cero durante el día y nos regresamos antes de que anocheciera, ya que había hecho erupción un volcán cercano. De regreso nos paramos en una comunidad que estaba encima del agua, para jugar con niños afectados.  

Esta misión fue particularmente difícil por la barrera del lenguaje. Desde el avión hasta la zona cero, fue muy difícil comunicarse con los lugareños, ya que no hablaban español, inglés o francés.”

En total CADENA entregó 200 filtros de agua Sawyer, que impactarán la vida de más de 16,000 personas afectadas, que no cuentan con acceso a agua potable.»

Día Internacional para la Reducción de los Desastres

CADENA nació hace más de una década con el objetivo de brindar ayuda inmediata y estratégica a víctimas de desastres naturales. A lo largo de estos años hemos encontrado patrones que nos hacen suponer que muchas tragedias se podrían haber prevenido.  En el marco del Día Internacional para la Reducción de los Desastres, entrevistamos al presidente de CADENA, Benjamín Laniado, que ha tenido más de 12 años de experiencia en gestión de ayuda humanitaria en desastres:

1. ¿Qué avances has notado durante tu trayectoria humanitaria en el tema de reducción de desastres naturales?

Hoy en día la gente está más consciente de la importancia del enfoque preventivo en reducción en desastres. En este punto quiero decir que el término «desastres naturales” es problemático, ya que somos nosotros los que construimos nuestros riesgos. La naturaleza no causa los desastres. Es importante estar consciente de esto. Esta relación con el medio ambiente y con la sociedad se debe de renegociar.  

En pocas palabras: se debe de asignar recursos económicos a la construcción de resiliencia. Esta palabra, tan importante, debería de estar escrita en la constitución de cada país: es un deber cívico.

2. “Resiliencia” es una palabra que se ha utilizado mucho durante los últimos días, pero ¿qué quiere decir ?

Resiliencia es la capacidad que tiene cualquier individuo o organización a hacer frente a la adversidad de manera versátil y elástica para recuperarse lo más pronto posible y salir mejor que como estaba antes.”

3. ¿Porqué es importante construir resiliencia?

La resiliencia es importante porque permite pasar del marco de la respuesta a desastres (que genera paternalismo, dependencia, y control poblacional a través del asistencialismo) a la transferencia de capacidades a la población.  

Lo importante en la construcción de resiliencia es estar conscientes de los riesgos y tomarlos bien en serio, el sistema urbano nos ha hecho pensar que no somos vulnerables, pero esto es mentira: hay muchas ciudades que son golpeadas por sismos e inundaciones, y por supuesto, zonas marginadas que están sujetos al impacto de un fenómeno natural.

4. ¿Puedes darnos un ejemplo de un desastre que pudo ser evitado con medidas de prevención?

Miles de personas se podrían haber salvar en los temblores de Haití y Nepal si estos pases contarán con sistemas de alertamiento sísmico. Hay muchísimos de estos sistemas, cada uno adaptado a la características geográficas; no tenerlo es una falta de responsabilidad.  

Otro ejemplo podría ser lo que sucedió en el Volcán de Fuego, en Guatemala: la población sabía que estaba en una área de riesgo, y decidieron quedarse ahí, pero el problema es que no había un protocolo; no sabían cómo actuar.

5. ¿Qué está haciendo CADENA para reducir el riesgo en comunidades vulnerables?

Tenemos un programa que se llama “Brigadas para la resiliencia”. Consiste en socializar a líderes en las comunidades para que adquieran capacidades y puedan socializar el conocimiento.

“Brigadas para la resiliencia” está basado en dos programas exitosos: el primero es de Chiapas y se llama “Brigadas comunitarias”.  Es un sistema de alrededor de 4,000 comités locales a los que se les capacita en manejo de desastres. La segunda des “Islas de resiliencia”, un modelo israelí que consiste en tener 15 personas bien capacitadas por cada 1,000 habitantes, esto genera un impacto exponencial que es muy adaptativo.  

“Brigadas para la resiliencia” hemos realizado entrenamientos de maestros y líderes sociales en Veracruz, Tabasco, Estado de México, Guerrero y Baja California Sur.

Y ya estamos viendo resultados: en Los Cabos en agosto 2017 hubo un huracán en la región y las brigadas hicieron un gran trabajo. No necesitaron asistencia externa, ni ayuda humanitaria; se convirtieron en líderes de sus comunidades.

6. Por último, ¿qué puede hacer una persona común y corriente para reducir los riesgos de desastres?

Primero que nada hay que pensar en qué tipo de zona se está viviendo, en términos geológicos, urbanos y sociales. Hay que conocer los riesgos (sísmicos, hídricos, etc.) de tu ciudad, de tu comunidad, de tu cuadra y de tus regiones. Muchas veces les pasamos el responsabilidad de hacer esto al gobierno; pero en realidad esta responsabilidad esto cae en el individuo, en la comunidad.   

 

Día Internacional de la Salud Mental

El impacto de un desastre natural trasciende lo meramente físico. Un sismo, un incendio, una inundación o una erupción volcánica, deja en las víctimas una huella indeleble, sobre todo cuando se ha perdido una casa o a un ser querido.  En el nivel más básico, somos criaturas de hábito, gracias a ciertas rutinas generamos un sentimiento de seguridad y confort. Cuando estas prácticas son afectadas por desastres naturales, prevalece un sentimiento de confusión y desamparo.

A lo largo de nuestros 12 años en experiencia humanitaria, hemos presenciado en carne propia el impacto que los desastres tienen en la vida psíquica del individuo y la colectividad. El estrés post-traumático se debe de atender inmediatamente, aunque no se soluciona a corto plazo.

«Uno llega a la zona de desastre y atiende necesidades básicas inmediatas: agua, calor, refugio. La información tranquiliza, el contacto con el otro genera una sensación de calma”,  comenta Liora Pupko Sissa, Coordinadora del área de Psicología de CADENA.

Bajo la tutela de Pupko, CADENA realiza tres tipos de intervenciones en comunidades afectadas:

  1. Primero auxilios psicológicos: enfocados en resolver las necesidades más imperantes en las primeras 72 horas después de una crisis.
  2. Atención post-crisis: enfocado en aliviar el trauma infantil por medio de «Mi Libro de Resiliencia», un recurso para niños de 5 a 15 años.
  3. Seguimiento a largo plazo: estancias a largo plazo en comunidades afectadas y continuidad de casos.

Más allá del sector de desastres, en CADENA reconocemos que la salud mental es un tema de urgencia a nivel internacional. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, 450 millones de personas sufren de algún trastorno mental o de conducta. Una de cada cuatro familias tiene por lo menos un miembro afectado por un trastorno mental.

Sin embargo, según Liora Pupko, en México sigue habiendo muchos tabúes sobre el tema: “Así como en los desastres existen mecanismos de prevención, existen mecanismos de prevención de salud mental—hacer ejercicio, meditar, etc— que se pueden desarrollar para ser más resistentes frente a futuras crisis.»

Así fue. Crónica de la misión a Kenia.

Erika Glanz, Directora de Emergencias y Operaciones Internacionales de CADENA Internacional, nos ofrece una versión personal de la más reciente misión a Kenia:

“Llegué a Nairobi el cuatro de junio, casi una semana antes de que llegaran los voluntarios. Violette, Coordinadora de misiones en México, me alcanzó el día después. Nuestro tiempo ahí lo ocupamos haciendo los últimos ajustes logísticos y compra: de bolsas para las despensas, de comida para los voluntarios, y de algunos donativos, también.

El 9 de junio salió el camión con los donativos. El chofer –acompañado por el encargado de la logística, un cocinero y dos personales de seguridad– emprendieron el largo y peligroso camino a la ciudad de Lodwar.

El 10 llegaron la mayoría de los voluntarios al hotel en Nairobi. Vinieron de Miami, México, Chile y Colombia– desde 18  a 70 años.  Esa noche hicimos una actividad rompehielos para conocernos todos y al día siguiente, muy temprano en la mañana,  tomamos un vuelo de dos horas en un avión pequeño de doble hélice a Lodwar, donde ya nos esperaba el camión. 

Hacía mucho calor. El clima: seco. El sol, fuerte. Para nuestra suerte había en Lodwar una plaga de langostas y grillos  y en todos lados– bañándonos o caminando– te caía una langosta encima.

El 12 salimos temprano en la mañana a la comunidad de Millimatatu. El camino fue 9 horas en un camión «overland truck» (tipo Safarí) y una camioneta Jeep. Además del personal y los 24 voluntarios nos acompañó Brother Joseph y su esposa Geraldine, nuestros contactos locales desde hace años, esenciales en el desarrollo de la ayuda humanitaria. 

Lo primero que hicimos al llegar fue asentar las 15 carpas del campamento– en Millimatu no hay hoteles– antes de que anocheciera. El resto de la noche estuvimos armando las despenzas para entregar en la oscuridad.  

Al día siguiente fue el encuentro. Después de desayunar caminamos 15 minutos a una zona donde la comunidad nos esperaba bailando y cantando.

Después de esa bienvenida volvimos al campamento y nos dividimos: unos entregaban el arroz, la harina y el aceite; otros jugaban con los niños, y unos más ayudaban a la doctora, Sandra Massri, que durante la misión realizó 150 consultas. 

Para ser más eficientes decidimos el tercer día hacer las entregas por poblado. Me gustaría destacar que todas eran mujeres: en esta comunidad ellas son las que se encargan del bien de las familias.

Mientras algunos hacían esto otras mujeres voluntarias de CADENA fueron a visitar escuelas secundarias a entregar unos pads menstruales que son muy prácticos para evitar las infecciones y que pueden durar hasta cinco años. Como la menstruación es un taboo, y por eso se nos hizo importante que las que entregaban fueran del mismo sexo. Se entregaron 2,500 pads menstruales. 

El cuarto día entregamos la ayuda en camión. En la última misión nos dimos cuenta de que muchas personas tenían infecciones en los ojos y cataratas. Por eso logramos realizar una donación de 1,500 lentes de sol donados por Fundación Inova Contigo AC- que, si bien no arreglan el problema, son una buena medida preventiva. 

En total se beneficiaron, con despensas básicas,  2,321 familias y a 300 niñas de un colegio de secundaria.  Cada familia recibió 2 kilos de frijol, 2 kilos de arroz, 4 kilos de harina y 2 kilos de aceite. 

Hay mucha hambruna y desesperación en esa parte de Kenia, debido a las sequías. Pero ellos siempre nos reciben con una sonrisa. A pesar de ser un shock cultural grande, los voluntarios dieron el 100%. Realmente estoy agradecida con todos ellos.»