Cómo ser de ayuda en una forma que empodere.

El campo de acción de la labor humanitaria se encuentra lleno de riesgos. A continuación, presentamos consejos psicológicos para la gestión exitosa del apoyo humanitario.  El texto es de Claudia Sánchez Musi, Coordinadora de CADENA Los Cabos, psicóloga clínicia y psicoterapeuta especializada en Psicología de Emergencias y Desastres.   Claudia participa en conferencias brindando capacitación a los cuerpos de intervención y facilitando grupos de contención. Actualmente es Coordinadora de CADENA Los Cabos:

Cuando haces algo bueno para otras personas, ofreces tu ayuda, tu servicio, tu soporte, lo que verdaderamente importa son tus intenciones, el deseo verdadero de estar ahí para el otro.  Estas intenciones son buenas, pero hay que ser honestos con nosotros mismos antes de ofrecer ayuda y preguntarnos desde dónde lo hacemos. ¿Lo hacemos, olvidándonos por un momento acerca de nuestras preocupaciones? ¿O, surge ese deseo de una necesidad de nutrir al super-héroe que llevamos dentro?

Las buenas intenciones siempre son apreciadas, pero son más apreciadas la acciones que verdaderamente nos conducen a ayudar a alguien. Dichas acciones deben ser analizadas para que sean efectivas; el reconocimiento de nuestro esfuerzo viene cuando ayudamos a alguien y le hacemos sonreír esa alegría resuena en nuestro corazón. Ésa es nuestra recompensa.

A continuación te comparto algunos puntos para ser de ayuda de forma que les regreses a las personas su dignidad y su poder.

  1. No sientas lástima

La empatía es un estado natural del alma que surge de la compasión hacia todos los seres vivos. Cuando alguien sufre, podemos ponernos por un momento en sus zapatos para comprender el dolor por el cual está atravesando.

Pero, en ocasiones confundimos la empatía y la compasión con la lástima. La compasión es una forma de empatía y afecto cuyo deseo es el alivio del sufrimiento de alguien, y al mismo tiempo es el coraje de descender a la realidad de nuestra experiencia humana, desde lo más profundo del alma, en amor y aceptación.

La lástima es el estado de observar con tristeza a quién padece, pero reduciéndolo a una condena.  Al decir “pobrecito” lo único que estás haciendo es socavar la dignidad humana, retirándole el poder a la persona y dejando de observar las posibilidades que si tiene.

La compasión implica acción, es un sentimiento activo que mueve a llevar a cabo un acto de ayuda para mitigar el dolor ajeno. En cambio, la lástima es un sentimiento pasivo. La compasión se fundamenta en la igualdad; la lástima, en la superioridad.

  1. Mantén la Calma

En la interacción con la persona que pasa por el dolor, desesperación, ansiedad o angustia extrema es común que te veas afectado por esos sentimientos y reacciones de manera opuesta a la ayuda que está necesitando–es decir, sumando tu estrés, ansiedad, miedo o angustia. Observa continuamente cómo te sientes y ayúdate con tu respiración a mantener la calma y la presencia consciente para esa persona.

  1. Mantén al otro enfocado

Es común que el dolor extremo, el estrés y la preocupación segmenten a la persona que deseas ayudar. A veces es tanto el dolor que no logramos ver con claridad los pasos a seguir, deseando con una angustia avasalladora resolver muchos problemas a la vez. Ayúdale a la persona a mantenerse enfocada en el aquí y el ahora resolviendo un tema a la vez. Desde lo más práctico y básico, un día a la vez.

  1. Mantén límites saludables

Muchas veces nos cargamos problemas ajenos intentando salvar al mundo y resolver todo porque en un nivel muy primario del inconsciente habita cierta culpa. “Culpa por la desgracia del otro” “Culpa por estar bien cuando otros están mal” etc. La culpa nos lleva a movilizar una cantidad de energía absurda y extenuante en donde termínanos nosotros peor de lo que está el otro.  Ayudar, hermanarte, solidarizarte, acompañar y sostener a otro te provee de crecimiento emocional te ayuda a ser más fuerte y mejor ser humano, siempre y cuando no dejes tu pellejo en ello. De una forma consciente, responsable de ti y del otro.

  1. Ayuda Amablemente

Recibir ayuda no siempre es fácil, nos recuerda que estamos atravesando una situación vulnerable y la vulnerabilidad nos aterra porque pensamos que siempre debemos estar fuertes. En estos casos recuerda que, al ofrecer tu ayuda, debe de ser de una forma amable, y al mismo tiempo presente. Acallando al ego. Observando la necesidad del otro. Si necesita expresarse, permite que suceda. A veces la gente solo necesita ser escuchada y acompañada. No siempre necesitas resolver el problema de inmediato.

  1. Reconoce cuando ayudar

Muchas veces nos forzamos a ayudar cuando las situaciones no se dan o bien cuando nosotros mismos no podemos hacerlo o no tenemos la forma de contribuir a la ayuda. Se verdaderamente honesto contigo mismo y escucha tu verdad. Ayuda hasta donde puedes ayudar y quédate en paz, sin culpa. Acepta tus limitaciones al ayudar a otras personas.

  1. Acepta las limitaciones de la persona afectada como reales

Si estas intentando ayudar a alguien que no puede caminar ¿No le vas a pedir que corra verdad? Debemos ser realistas y observar con detenimiento las limitaciones ajenas para entonces ser reales y poder mirar también las posibilidades con las que SI cuenta la persona para salir adelante.

  1. Acepta el derecho de toda persona de tener sus propios sentimientos

Lidiar con nuestros sentimientos no es algo fácil, no estamos educados para ello. Y si lidiar con nuestros propios sentimientos es difícil también lo es con los sentimientos ajenos. Si yo no soy capaz de permitirme sentir el dolor profundo tampoco seré capaz de permitirle al otro vivir y expresar sus propios sentimientos sin hacer algo para que el otro deje de sentir.  A veces queremos acallar el enojo, la tristeza etc. Los sentimientos de los demás porque NO SABEMOS QUE HACER con ellos. Si verdaderamente quieres ayudar respeta los sentimientos de la persona tal y como son y no los minimices.  Quizá solo tengas que acompañar en silencio y con amor los sentimientos del otro.

  1. Olvida a tu super héroe interno

Si quieres ser verdaderamente una ayuda para las personas debes olvidar al super-héroe que habita en ti. Poner los pies en la tierra y recordar que se trata únicamente de la otra persona y no de ti. Mantente enfocado en resolver estos aspectos internos. Esto significa que en ocasiones habrá que tomar la iniciativa. Pero en otras ocasiones significa también abstenerte de tomar una acción. A veces tendrás simplemente que escuchar y a veces ensuciarte las manos para hacer el trabajo duro.

En ambos casos mantén tu ego en silencio y recuerda que en la humildad habita la verdad.

Si aprendes a ayudar de forma efectiva no solo contribuirás a elevar el nivel de vida y consciencia de la gente, también los estarás empoderando Y siempre, tus buenas intenciones serán apreciadas.

  1. Mantener al ego en silencio

El tema del ego tiene muchas vertientes, pero es importante tener claridad de como este se manifiesta. Puede ser que el ego te haga ver cosas que no son reales o te lleve a sentir poderes que no tienes, pero en ocasiones también hace lo contrario: BOICOTEAR LA ACCIÓN para crear un mundo mejor diciéndote que de nada sirve lo que haces, o que no vale la pena. El ego te hace dejar de ver tus capacidades reales para hacer cambios verdaderos.

Me despido invitándote a poner tu corazón en servicio a la vida. Que reconozcas que siempre existe la posibilidad de ofrecer ayuda de forma desinteresada, que la ayuda surge desde pequeños actos hasta grandes cambios. Esto depende de tu misión y de las posibilidades que cada quién tenga. Jamás menosprecies tu capacidad para brindarte a los demás en servicio porque hay algo que tú, y solo tú podrás hacer por la gente llegue a ti. Recordando siempre que la mejor forma de ayudar es regresándole al otro su dignidad humana y su capacidad de resiliencia.

Claudia Sánchez Musi