Así fue. Crónica de la misión a Sinaloa.

El 20 de septiembre se declaró a Sinaloa como estado en emergencia debido a las severas inundaciones causadas por la intensa lluvia en la región.  3,152 personas fueron evacuadas de sus hogares, hubo 350,000 viviendas dañadas y 52,000 familias afectadas.

En una primera avanzada, miembros de Equipo de Rescate GoTeam viajaron a Sinaloa –– llevando consigo filtros de agua, apoyo médico y psicológico–– para hacer un diagnóstico de las necesidades.

Este domingo una segunda misión de ayuda con 25 voluntarios, salió hacia Culiacán. Ana Paula Villegas, que trabaja en CADENA como gestora de Alianzas Estratégicas y Vivencias, nos cuenta su experiencia:

“Llegamos a las 6 de la mañana a Culiacán y, después de dejar las cosas en el hotel, fuimos con la fundación AFOMAC (Asociación Pro Formación y Orientación de la Mujer) a sus bodegas, que se encontraban a una hora de camino y en la cual ya estaba todo el cargamento que había salido desde México el viernes anterior. En total teníamos 743 catres, 800 cobijas, 160 kits de higiene personal, 10,350 productos de limpieza, 160 kits familiares de ropa interior y 150 filtros purificadores de agua.

Ese día fuimos a la comunidad del Platanar ––ubicada a una hora de distancia–– donde dimos colchonetas y brindamos ayuda psicológica; luego, a la comunidad próxima de Casablanca, un poblado de 27 personas que no había recibido ninguna ayuda. En estos lugares se veía que el sol había evaporado toda el agua; el suelo estaba irregular,  había muchos mosquitos y olía a agua sucia (el río desbordado era de aguas negras); de vez en cuando se veía un zapato tirado que había sido arrastrado por la corriente.

Al día siguiente, de camino a la comunidad del Poblado vimos a un señor que estaba sacando sus colchones y su catre al sol para secar. En el Poblado había familias de siete personas sin un lugar seco para dormir.

Me tocó ir a casa de Doña Margarita: su cocina había quedado totalmente cubierta por el agua; una semana y media después, está todavía cubierta por diez centímetros de lodo. La ayudamos a sacar la estufa, el sistema de sonido, la ropa y los juguetes que habían quedado bajo el agua. Luego sacamos el lodo hasta que pudimos ver algo del piso de concreto.

“En el agua había cocodrilos”, nos dijo Doña Margarita; durante las primeras noches como desplazada, ella tuvo pesadillas con estas criaturas. Cuando regresó a su casa se llevó un tremendo susto al ver a uno de ellos dentro. Resultó ser un tronco que había sido arrastrado.

El martes fuimos a la Palma, donde pasamos tres o cuatro horas repartiendo ayuda y trabajando con la salud mental de los niños por medio del los libros de resiliencia. Ese mismo día regresamos a la ciudad de México, después de trabajar bajo un sol de 36 grados en donde ningún tipo de protección solar sirve.”