Nuestro paso por Mozambique

Llegar a Mozambique tras el paso del Ciclón Idai fue un encuentro con la realidad. Una vez más, se juntaron la pobreza, la vulnerabilidad y los fenómenos naturales; de nueva cuenta, estuvimos de pie ante este cuadro que no tiene piedad.

Al llegar a la ciudad de Beira, nos unimos al cluster de Naciones Unidas; ahí nos dimos cuenta que más allá de lo complejo que es entender el flujo de información, los actores humanitarios que toman el liderazgo entre todas las agencias y las ONG´s como nosotros, representan un verdadero triunfo de la humanidad, pues con una mirada profunda, sin importar la raza, las creencias, culturas, nacionalidades, múltiples idiomas o el color del uniforme, todos los presentes trabajaron por un único objetivo: traer esperanza y ayudar a la gente de Mozambique.

No tengo duda, el mundo debería de ser como un cluster.

Después de recibir el informe del cluster, salimos hacia un distrito llamado Nhamatanda. En el camino paramos en cada campamento que albergaba a cientos de familias en tiendas de camapaña. Todos los que estaban ahí, lo perdieron todo, su casa, sus pertenencias…

Instalamos a nuestro paso decenas de filtros, pero cada instalación fue un reto. La gente sentía desesperación al ser difícil entendernos, el portugués y el español parecen idiomas similares, pero en realidad no lo son. Ante estas dificultades, pasamos al idioma corporal, al carisma de Yair, a la autoridad de Salo y la nobleza de Mendy. Nos resultó mejor.

En un sólo día logramos instalar agua potable para más de 4 mil personas. También repartimos lámparas solares, una por cada carpa. Fueron muy bien recibidas, la zona continúa sin luz y cuando cae la noche, se quedan iluminados sólo a la luz de un pequeño fuego que prenden afuera de las carpas.

Con las lámparas, empezamos explicando qué son, cómo cuidarlas y cómo funciona una fotocelda. En muchos países damos por sentado que el agua potable y la luz son un derecho, pero en Mozambique no es así.

Paso el tiempo, repartiendo lámparas y filtros se nos hizo de noche en el último campamento, terminamos el trabajo en oscuridad completa, pero pudimos ser testigos de la utilidad de las lámpara solares.

En definitiva, lo mejor de aquel día fue ver como nuestra gente de Cadena puede sacar miles de carcajadas a cientos de niños a la vez: juegos, chistosadas sin parar y de pronto, todo el campamento estaba pasando un momento increíble que nadie olvidará, porque a pesar de la adversidad bailaron, cantaron y rieron sin detenerse.

Se puede ver que nadie está atiendiendo la parte emocional de esa manera, en CADENA pensamos que gran parte de la resiliencia se consigue con la fortaleza interna y que esa fuerza llega más fácil con buen humor, con mejor actitud, jugando, olvidando por un momento la situación lastimosa que recién vivieron.

Las sonrisas que provocamos en los campamentos se escucharon desde lejos y podemos ver como se le contagia a los adultos también. Eso nos llena.

Cada día en Mozambique logramos terminar muy satisfechos con nuestro trabajo. Cada día logramos reafirmar que vivir para ayudar, es la única forma de vivir.

  • Benjamin Laniado, Presidente de CADENA.