El 6 de septiembre Puerto Rico se declaró en estado de emergencia: Irma, un huracán de categoría cinco, había destruido la isla. Ese mismo día un sismo de magnitud 8.2 azotó el estado de Oaxaca y Chiapas y, el 19, otro hizo lo mismo con los estados de Morelos, Puebla y la Ciudad de México.

ACERCA DE LA MISIÓN

El 6 de septiembre Puerto Rico se declaró en estado de emergencia: Irma, un huracán de categoría cinco, había destruido la isla. Ese mismo día un sismo de magnitud 8.2 azotó el estado de Oaxaca y Chiapas y, el 19, otro hizo lo mismo con los estados de Morelos, Puebla y la Ciudad de México.

Por si fuera poco, el 20 otro huracán, María, remató la catástrofe: la isla se quedó sin agua potable. No había electricidad. Los caminos estaban deshechos.

El ambiente en las oficinas de CADENA era frenético: tres diferentes crisis –todas urgentes—necesitaban atenderse al mismo tiempo. En el caso de Puerto Rico la pregunta era cómo llevar ayuda a una isla a 1,600 km de distancia de Miami (sede internacional de CADENA). Era imposible acceder por vía área: el aeropuerto estaba cerrado; no había luz, una de las torres de control se había caído, y la torre de emergencia no tenía un buen radar.

A pesar de esto, Erika Glanz, Directora de Emergencias Internacionales de CADENA Miami, y Joanne Joloy, Coordinadora de Expansión Internacional, lograron llegar. “Durante esa primera visita, la isla estaba completamente oscura y sin nada de agua” comentan.

Lograron corroborar las necesidades de la población, mismas que nos habían compartido la comunidad judía de Puerto Rico, y establecieron contactos estratégicos con el Director de Hacienda y de Aduanas en la isla para que la ayuda entrara rápido y sin problemas. También se estableció contacto con el municipio local de Toa Baja, decidiendo focalizar la ayuda a comunidades afectadas no solo por el huracán sino también por el desborde de la represa del Lago La Plata, que había causado inundaciones en casas de hasta 7. 5 metros.

Desde las oficinas de Cadena Internacional se coordinó, con la comunidad judía en Cancún, la compra de 50 toneladas –estufas de gas, lámparas solares, baterías, comida no perecederas, filtros de agua y 300 galones de cloro— de ayuda para que, el 12 de octubre, un yate privado de 127 pies zarpara hacia la isla con un tiempo estimado de arribo de cinco días.

En la isla, el cargamento lo esperaba un equipo de diez voluntarios – psicólogos, y especialistas humanitarios– de Chile, Ciudad de México, Cancún, y Miami. Pero el barco no llegaba: hacía mal tiempo, y con la mar no se juega. El barco tuvo que esperar en Santo Domingo hasta que se pudiera navegar.

En una emergencia humanitaria, no hay tiempo ni recursos que perder. Aprovechando nuestro potencial humano, nos unimos con PACIIV, una organización enfocada en el apoyo médico en situaciones de emergencia, y juntos con ellos fuimos en helicóptero a las comunidades remotas más afectada, brindando asistencia psicológica, instalando generadores y apoyando con la preparación de alimentos.

600 estufas de gas, parte del cargamento de 70 toneladas que zarpó a Puerto Rico.

Finalmente, el viernes 27 de octubre llegó el barco. Por desgracia, la isla seguía necesitando ayuda y muchas organizaciones humanitarias que cubren emergencias se habían retirado, ya. El sábado y domingo, en conjunto con seis tripulantes y veinticinco voluntarios del municipio de Toa Baja, logramos bajar todas cajas, transportarlas en moto de agua hacía la orilla, y subirlas al camión para su entrega. En los cuatro días siguientes trabajamos todo el día hasta que la oscuridad de la noche (y la falta de luz) nos obligaba a parar.

En total, entregamos 2998 despensas, 600 estufas de gas y 1,000 lámparas solares, baterías y pañales, a las comunidades de Toabille, Moncerrate, Toa Baja, Villa Calma, San José, Ingenio, Valle Seco. Además, instalamos 500 filtros de agua en escuelas, centros médicos y centros deportivos, gracias a los cuales 90,000 personas tendrán acceso a agua potable—los otros 500 los donamos al equipo de PACIIV, a los que se les capacitó para que se instalen en comunidades remotas.

Afectados por el desborde de la presa Lago La Plata, Puerto Rico.

“DURANTE ESA PRIMERA VISITA, LA ISLA ESTABA COMPLETAMENTE OSCURA Y SIN NADA DE AGUA”

Erika Glanz

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