Queridos amigos,

En estos tiempos de adversidad quiero hacer un llamado para reconectarnos con nuestra espiritualidad, para así encontrar redención en esta nueva realidad.

Hago un llamado a liberarnos, a poner en práctica el desapego, a deshacernos de las metas y objetivos que, dadas las condiciones actuales, en el corto plazo no se podrán realizar. Un llamado a reorientar nuestras expectativas para así evitar la frustración y enfrentar con tranquilidad lo que se viene.

Esta crisis nos hace conscientes de los falsos caminos que hemos seguido en la búsqueda de la felicidad. En esta época de consumo frenético, es importante cuestionarnos si nuestras necesidades son realmente tales para así regresar a lo básico. Buscar la plenitud en nuevos lugares, utilizando los recursos a nuestra disposición.

Esta crisis es una oportunidad para aprender, cambiar, evolucionar; para que juntos como humanidad redefinamos las maneras de imaginarnos el futuro para las siguientes generaciones.

Como animales biológicos y espirituales, debemos invertir en ambas dimensiones para ser creativos en la manutención de nuestras familias, sin descuidar la fuerza trascendental que nos permite ver por los demás. La realidad ha develado el carácter ilusorio de nuestros hábitos, dejándonos al desnudo con nuestra vulnerabilidad colectiva. Por eso, hay que ir más allá del confinamiento físico y afianzar los vínculos que hemos creados en nuestro paso por esta tierra. Es tiempo de amarnos, ser valientes y estar presentes para nuestros seres queridos.

Concibamos a la adversidad como un motor que nos impulse a redefinir nuestras prioridades y a reflexionar sobre lo que es realmente importante.

Como seres humanos, hemos sobrevivido a peores catástrofes. Las tribus que sobrevivieron el volcán de tova o la era glaciar lo hicieron sin acceso a los recursos y tecnologías que hoy damos por sentado. Nuestra capacidad de cooperar unos con otros nos ha permitido convertirnos en la especie hegemónica;  por medio de la cooperación, nuestros antepasados atravesaron múltiples tempestades para asegurar nuestra continuidad.

La humanidad saldrá de esta crisis mejorada, evolucionada. En lo inmediato el escenario es turbio, pero la crisis ya nos ha arrojado moralejas: acabamos de descubrir que el planeta es mas chico de lo que pensábamos, que las diferencias sociales , raciales, religiosas, son pura imaginación cultural.

Aun así, dependerá de nosotros tomar perspectiva y empoderarnos para mejorar nuestras sociedades, nuestras ciudades, nuestro medio ambiente. ¿Seremos capaces de trascender? ¿Seremos capaces de considerarnos como una misma familia y compartir nuestros recursos para no dejar a nadie atrás? ¿de dejar a un lado el Darwinismo social del “sálvese quien pueda » para ser realmente corresponsables con el otro?

Desde siempre hemos sido inquietos, de ahí ha salido nuestra capacidad de cooperar. Estamos determinados a ganar esta guerra lo antes posible y salir más fortalecidos.

Mantengamos siempre este fin en la mira. Seamos empáticos con realidades ajenas, creativos y audaces en la solución de problemas. Pero, sobre todo, tengamos fe en el futuro: nuestro planeta es una isla, y, nosotros, sus habitantes, somos frágiles e inquebrantables a la vez.

Benjamin Laniado

Secretario General de CADENA

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