Me encantaría comenzar este escrito mencionando algunos datos sobre cuántas personas en México tienen acceso a una menstruación digna; sin embargo, no existen cifras, estudios o fuentes que se hayan interesado en demostrar de manera certera la pobreza menstrual el mundo y México no es la excepción. El hecho de que no existan estos datos, y existan sólo estimaciones hechas por colectivos de mujeres en la sociedad civil, nos habla de una problemática invisibilizada para los millones de personas que mes con mes menstrúan. ¿Por qué la higiene menstrual es un privilegio?

La pobreza menstrual está definida como la falta de acceso a productos menstruales, acceso a agua limpia, saneamiento e higiene, y todas las consecuencias de la estigmatización y la falta de educación alrededor de la menstruación. En México, 42.4% de la población total femenina vive en condición de pobreza, según el Coneval (2018). A nivel nacional, de acuerdo con los datos de la ENIGH (2018), apenas 44.1% del total de mujeres cuenta con afiliación a alguna institución de salud. Además, 17.2% de las mujeres vive con un ingreso que no le permite siquiera adquirir la canasta básica alimentaria (pobreza extrema por ingresos) y 19.5% tiene carencias en el acceso a servicios básicos de la vivienda como agua potable y acceso a duchas. Esto quiere decir que alrededor de 27 millones de mujeres en México tienen alguna carencia social que representa un obstáculo para poder gozar de un adecuado manejo de la higiene menstrual.

Mi posición de privilegio en la sociedad y el trabajo que tengo me han permitido recorrer algunas de las miles de comunidades que existen el país para corroborar lo que la ausencia de esos datos representa: las personas menstruantes en México tienen que elegir todos los días entre alimentarse/alimentar a la familia o adquirir productos/ servicios para contar con una menstruación digna. En CADENA mes tras mes nos sentamos con personas menstruantes de diferentes contextos, diferentes edades, diferente clase social para hablar sobre qué es para cada una de nosotras la menstruación y cómo es que los estigmas y tabúes en torno a un proceso natural nos ha hecho sentirnos avergonzadas de nuestro existir. No importa el contexto de cada integrante de ese círculo de reflexión, siempre el común denominador es la vergüenza que nos enseñaron que teníamos que sentir por menstruar. Lo que nos diferencia son los privilegios o carencias que hemos tenido para llevar en nuestro día a día la menstruación y cómo estos nos han llevado a oportunidades o limitaciones para desarrollarnos en la sociedad. 

No es justo que desde que empezamos a menstruar lo primero que nos enseñan es que tenemos que esconder cualquier prueba de que menstruamos: las toallas femeninas, la ropa con manchas, los tampones, el dolor que algunas personas sentimos, y muchas otras cosas más. Sueño y lucho por un mundo en el que menstruar dignamente no sea un privilegio. Anhelo un mundo en el que una mancha de sangre menstrual no represente suciedad, no represente vergüenza y motivo de burla para absolutamente nadie. Hablemos del tema, reflexionemos sobre la gran cantidad de mitos y tabúes que nos han metido por las venas y nos hemos creído, generemos espacios para que se escuchen las voces de más personas (sobre todo de las que están en mayor situación de vulnerabilidad), reconozcamos nuestro privilegio y dejemos a un lado la indiferencia. Deconstruyamos y reconstruyamos nuestros pequeños mundos hasta que logremos que la higiene menstrual no sea un privilegio.

Por Abril Páez, Directora de Operaciones Humanitarias de CADENA

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