Humanos al borde de la existencia: crónica de la misión a Turkana

 Las comunidades semi-nomádicas de Turkana (Kenia) están en jaque: sus ganados han muerto, sus plantíos también. No hay agua ni comida. El fenómeno meteorológico El Niño Turkana y el calentamiento global los han orillado al borde de la existencia.

Por eso CADENA realizó una misión para ayudar.   El 27 de mayo, el grupo de 26 voluntarios –de Sudáfrica, Estados Unidos y México—partió de Nairobi a Lodward en avión, donde pasaron una noche para tomar otra avioneta y llegar a Turkana; una vez ahí, tomaron Jeeps para atravesar, durante cinco horas, un interminable desierto.  

26 voluntarios –de Sudáfrica, Estados Unidos y México— frente al Jeep en el campamento de ayuda.

La misión se coordinó desde marzo 2019.  Abril Páez, Directora de Emergencias, llegó a Nairobi cinco antes de que llegaran los voluntarios, para conseguir medicinas, comida y pruebas de malaria junto con la directora de Misiones Internacionales, Erika Glanz.

“Durante los vuelos, los paisajes eran increíblemente áridos” dice Sofía Tuachi, voluntaria mexicana de 20 años que trabaja en la Comunidad Sefaradí, “era un color café homogéneo, no se veía ni una sola señal de agua.”

Después de más de 25 horas de viaje, el convoy por fin llegó a su base de operaciones, un pequeño campamento—sin agua, ni luz, ni baños—en la mitad del desierto. Inmediatamente después de llegar, los voluntarios se dividieron en grupos para atender a los niños, organizar la ayuda y separar las medicinas.

“De pronto se escuchó un ruido muy fuerte,” comenta Tuachi, “nos acercamos y vimos que miles de señoras estaban cantando y bailando, era una bienvenida. Me senté con una señora mayor que se llamaba María, que me tomó de las manos y entré en un tipo de trance. No sentía nada, solo calor. Y de repente abrí los ojos y una niña estaba llorando en frente de mi. Le sonreí. Se sentó en mis piernas y me abrazó: fue un momento de claridad.”

Mientras esto sucedía, la doctora de la misión Sofía Canales Albarrán ya había organizado un pequeño consultorio en una construcción de dos cuartos junto con Derrick, un doctor local y Joseph, quien le ayudó a coordinar las visitas. 

 “El reto principal fue conseguir un traductor.” dice Canales, “yo había estudiado algunas frases en suajili, pero ahí hablaban un dialecto que se llama Nturkana. Un niño, Columbus, me ayudó en esto. Fue mi mano derecha durante toda la misión.”

Derrick, Columbus, la Dra. Canales, y Joseph frente al consultorio temporal.

Aquel primer día, Canales trabajó ocho horas sin descansar, mientras que afuera del consultorio más de ochenta personas se formaban para recibir consulta médica por primera vez en su vida.

Canales, que ha realizado siete misiones humanitarias—cinco cortas en México, una estancia de seis meses en Vietnam y una, de un mes, en la India—dice que nunca ha visto nada igual: “No importa cuánto te lo platiquen. Nada te prepara para ese shock.”

Durante los 4 intensos días de la misión—mientras los demás voluntarios entregaban comida, jugaban con los niños, enseñaban el uso de toallas sanitarias y entregaban lentes— Canales atendía de 60 a 70 pacientes por día.

Entre ellos: una señora que no podía caminar por una severa infección estomacal; una joven a la que una espina de siete centímetros le había atravesado el dedo del pie; y un bebé que tenía neumonía y requería de terapia intensiva: “Era el bebé más desnutrido que he visto en toda la misión” comentó Canales, “un niño de tres años que no se podía parar porque sus piernas no le aguantaban el peso del cuerpo.”  

Por su parte, Tuachi, que pasó el tiempo con los niños, pensaba que la despedida iba a ser brutal: “Al final del periodo, en el camión de regreso, pensé que iba a ser un manojo de llanto. Pero al final salí con una sonrisa y el corazón lleno. No importó el hecho de no tener baños, o estar a la intemperie. El fin siempre fue entregarse por completo. Y eso me dejó mucho más.”

En total, en la misión se donaron gafas de sol (para cataratas), cepillos de dientes, toallas sanitarias ecológicas, ropa de bebé, zapatos, suministros escolares y 21 toneladas de comida a 9.119 personas—entre ellos 1.718, mayores de edad y 2.219 niños. Además, se atendieron a 262 personas.

Esta no es la primera vez que realizamos este tipo de misiones; desde hace cinco años visitamos Kenia con el afán de ayudar, y el próximo año regresaremos para brindar ayuda a los que más la necesitan: “El compromiso humanitario trasciende fronteras,” el Secretario General de CADENA, Benjamín Laniado, mencionó “como organización internacional, movemos mar y tierra para llegar a dar un poco de esperanza a los que viven en los lugares más recónditos del mundo.”

Día Internacional del Rescatista

Hoy, que se celebra el Día Internacional del Rescatista, queremos tomar el tiempo para agradecer a todos los voluntarios de CADENA que ponen en juego su vida para salvar las de otros. El rescatista es el vínculo más inmediato e importante después de un desastre: cuando se trata de una emergencia, la diferencia entre la vida y la muerte depende de la velocidad de la atención y de los conocimientos y destrezas del profesional interviniente.

Wolf, uno de nuestros rescatistas, con nuestro perro Enzo buscando vidas en un edificio colapsado.

Por esto CADENA formó el Go Team, un equipo internacional de ayuda humanitaria entrenado en la ISHA (Israeli School of Humanitarian Aid), una de las escuelas de ayuda humanitaria más prestigiosas del mundo, en Israel.

El Go Team se capacita constantemente para estar siempre listo ante cualquier eventualidad nacional o internacional; se especializa en rescate en estructuras colapsadas y en aguas blancas. También trabaja en rescates de altura, espacios confinados, protección civil y otras emergencias y cuenta con un perro rescatista, Enzo, que ha ayudado a salvar varias vidas.

Nuestro equipo ha atendido terremotos, inundaciones, huracanes, deslaves, explosiones, derrumbes, en Colombia, Perú, Ecuador, Puebla, Guatemala, Jalisco, Nepal, Filipinas, Turquía y Haití. Además, ha sido reconocido en el Palacio Nacional Mexicano por su trabajo en el sismo del 19 de septiembre que azotó la ciudad de México.

CADENA atiende a 1,500 familias afectadas por inundaciones en Paraguay.

Del 15 de marzo hasta el 11 de mayo se desató una hecatombe en Paraguay. Las lluvias, por lo general intensas durante esta época del año, fueron brutales.

En aquel periodo zonas de la región sufrieron de 100 a 400 mm de agua. Según el Ingeniero Miguel Kurita, de la Secretaria de Emergencia Nacional, el último evento de esta magnitud fue en 2014: «En ese entonces el evento afectó a 45,000 familias, hoy tenemos a 65,000.”

El golpe fue particularmente fuerte en el Departamento de Ñeembucú, donde los aguaceros afectaron 22,000 familias. “Los pobladores del inte­rior del departamento per­dieron todos sus cultivos de consumo” comentó el 14 de mayo Luis Benítez, gobernador de la región, “tardará unos seis meses para recuperarse. También los pequeños gana­deros están en una situación crítica, porque los campos se inundaron de agua.”

Ante esta situación el 18 de mayo partió hacia Asunción una misión de CADENA conformada por 12 personas, incluyendo a rescatistas, psicólogos, doctores y voluntarios de México, Argentina y Chile. Una vez en Asunción, el equipo sostuvo una junta con la Primera Dama, Silvana López Moreira, además de la Secretaria de Emergencias Nacionales, y el Ministerio de Salud.

Al terminar la reunión el equipo partió en un camión con dirección a la región de El Chaco: “El acceso a las comunidades fue muy complejo,” comentó Santiago Treviño, médico mexicano que participó como co-jefe de misión, “el camino se había inundado y había que atravesar como 1.5 metros lodo. “

“Fue una misión complicada, pero la entereza del equipo es lo que nos permitió sobrellevarla” mencionó Treviño, quien resaltó la importancia de estar ahí presentes para dar ayuda emocional, ”la conexión con las personas nos recuerda que siempre hay alguien que piensa en nosotros, siempre hay alguien dispuesto a tender una mano y que todos podemos hacer un cambio para reparar al mundo. Hacer tikun olam.”

En total el equipo atendió a 1500 personas por medio de consultas medias y atención psicológica. También se instalaron 200 filtros de agua Sawyer en 6 comunidades marginadas.

Día Mundial del Agua

Hacer frente a los desastres naturales es posible solo cuando las necesidades básicas están cubiertas. Sin acceso a agua potable no hay resiliencia comunitaria: el consumo de agua sucia genera enfermedades intestinales potencialmente mortales, especialmente en niños y adultos mayores, mermando cualquier capacidad de respuesta en todo tipo de crisis.

Instalación de sistema de captación de agua pluvial en Lagunas de Centla, Tabasco

Por desgracia, falta mucho para que todos tengan acceso a este elemento. Según la Organización Mundial de la Salud, 844 millones de personas no tienen acceso agua potable; es decir, tres de cada diez personas a nivel mundial carecen de agua potable en su hogar. En otras palabras: cada minuto, un recién nacido muere por infecciones causadas por falta de agua limpia.  En México más de 9 millones de mexicanos sufren de escasa agua potable.

Uno de nuestros ejes de acción en CADENA es atender esta necesidad. La mayoría de nuestras misiones tienen como objetivo proveer de agua a comunidades marginadas y vulnerables en México, Venezuela, Colombia, Guatemala, Puerto Rico y muchos países más.

Para ello, utilizamos los filtros de agua Sawyer—un dispositivo a base de membrana hueca, fácil de transportar, instalar y usar—que tiene la capacidad de filtrar hasta 800 litros de agua al día y, con un buen mantenimiento, puede durar hasta 5 años.  En diciembre del año pasado conectamos estos filtros a sistemas de captación de agua de lluvias en Tabasco, dándole acceso a agua potable de forma natural a cientos de afectados por la contaminación en las lagunas de Centla. 

Más recientemente, visitamos el sur de India, donde capacitamos a maestros de escuelas, afectadas por las inundaciones del 2018, en el uso de 300 filtros de agua. Si es bien mantenida, esta tecnología podría llegar a cambiar la vida de más de 60, 000 personas en la región.

Tinacos utilizados para proveer agua a la región de Kerala, India.

En CADENA creemos que este tipo de soluciones tácticas, de bajo costo y de largo plazo son la clave para la solución de los problemas más urgentes que enfrenta la humanidad. Sin agua no hay vida. La importancia de este recurso no se puede subestimar.

CADENA Chile inaugura oficina en Mar Jónico

A más de un año de su llegada a Chile, CADENA refuerza el trabajo de alianza con las comunidades.

El día martes 5 de marzo, CADENA Chile, en conjunto con la Comunidad Bnei Israel, inauguraron una nueva oficina en las dependencias de Mar Jónico.  Desde la NBI señalan que “a partir del mes de marzo, la Comunidad NBI tiene el honor de anunciar un convenio con la Fundación Cadena de Chile para el uso de las instalaciones de Mar Jónico. Estar cerca y aunar esfuerzos fortalecerá a ambas instituciones”.

David Preminger, director de CADENA Chile, agradece a la NBI por esta oportunidad: “Estamos muy agradecidos con la NBI, hemos encontrado una nueva casa, con grandes posibilidades de crear nuevas sinergias que van a hacer seguir creciendo a la Comunidad”. Esta nueva alianza traerá consigo múltiples beneficios, ya que no solo se genera un espacio para realizar el trabajo de CADENA, sino que también refuerza la idea de unidad. “Compartimos la visión de ser parte de una comunidad inclusiva y solidaria. Compartimos los valores de la ayuda y la educación de nuestros jóvenes. Compartimos que lo esencial son los vínculos entre las personas. Ahora también vamos a compartir el espacio”, dicen desde la NBI.

Desde CADENA indican que este es un gran paso para la Fundación: “estamos contentos porque esto significa que estamos haciendo bien las cosas. Estamos pensando constantemente en cómo seguir siendo un aporte para la comunidad y el país. Estamos seguros que tanto la NBI como el resto de la comunidad nos van a ayudar para hacer cosas aún más grandes”.

De esta forma, CADENA Chile inicia una nueva etapa de vida, la cual contempla nuevos proyectos y nuevas alianzas. “Esperamos poder responder de la mejor manera a la confianza que la NBI nos está entregando. Tenemos certeza que van a resultar grandes cosas de esta alianza y que esto es solo el comienzo que nos llevará a la implementación de mejores y más grandes ideas”, finaliza Preminger.

Día internacional de la mujer

Como trabajadores humanitarios, nuestra experiencia en el campo nos ha revelado la profunda desigualdad de género que impera en Latinoamérica y en el mundo. En las aldeas más propensas a todo tipo de riesgos naturales, las mujeres son muchas veces relegadas al trabajo del hogar. Irónicamente en situaciones de desastre este rol adquiere primacía, al ser las mujeres el pilar de la familia, que es el círculo más íntimo de resiliencia social. Sin embargo, al no tener el mismo acceso a la educación o a los mecanismos de toma de decisiones comunales como los hombres, las decisiones tomadas en esos contextos pueden tener consecuencias fatales.

Por desgracia, la desigualdad en términos de género es un fenómeno global. Un informe de ONU Mujeres de 2018 muestra que hay 4.4 millones más de mujeres que viven en la extrema pobreza, en comparación con hombres. Según el mismo reporte, 300,000 mujeres mueren anualmente por causas relacionadas con el embarazo. Entre grupos étnicos (como los indígenas o los afrodescendientes), de por si marginados, las mujeres son aún más; en 18 países los esposos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen, y 49 países carecen de leyes que protegen la violencia en el hogar.

Como organización latinoamericana, operamos en un contexto epidémico de violencia de género. Según un informe de Small Arms Survey de 2016, entre los 25 países del mundo con mayores tasas de feminicidios, 14 están en América Latina y el Caribe. En México, por poner un ejemplo, se asesinaron a siete mujeres cada día, en el mismo año.

Para nosotros el Día Internacional de la Mujer es una ocasión para abogar por justicia social.  Estamos convencidos de que esta desigualdad y violencia afecta el tejido social y merma la capacidad de resiliencia de las poblaciones, haciéndolas más proclives a ser afectadas por todo tipo de desastres.

Y es que, para los que trabajamos en la ayuda humanitaria, la igualdad de género no es un tema cultural: es de sobrevivencia.  Por eso buscamos empoderar a mujeres en posiciones de liderazgo, no solo por medio de programas como Brigadas por la Resiliencia sino también poniendo el ejemplo. En Miguel Hidalgo, Chiapas la arquitecta Paola Suarez lideró todo el proceso de reconstrucción de más de 100 viviendas, rompiendo, por medio de su liderazgo, los estereotipos locales y poniendo pauta para cambiar, aunque sea un poco, los roles de género.

Alerta roja para la región de Arica y Parinacota por el desborde de dos ríos.

Por: Uri Kirshbom, equipo de Comunicaciones CADENA Chile.

A principios de febrero, lluvias intensas causaron el desborde de rios en comunas de la región de Arica y Parinacota, en Chile. El desastre dejó 6 muertos, 45 damnificados, 282 albergados, 173 viviendas destruidas, 127 viviendas con daños mayores y 1546 con daños menores.

Las regiones del Norte fueron afectadas por la tierra seca del terreno, sobre la cual aparecieron grietas de distintos tamaños. Las altas temperaturas de verano y la irrupción de la lluvia contribuyó al desastre, trayedo consigo el desborde de los ríos Ancha y San José.

CADENA Chile realizó una misión de avanzada para evaluar necesidades e instalar filtros de agua y una segunda donde se instalaron más filtros y bidones de agua, además de realizarse intervenciones psicológicas. Gracias a esto, 94 familias ––en las localidades de Caleta Vítor, Valle de Costa y Camarones––puedan beber ahora agua salubre.

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DATOS DE CUENTA PARA HACER DONATIVOS.

Banco: Banco de Chile. Nombre asociado a la cuenta: ONG CADENA. Tipo de cuenta: Cuenta corriente

Número de cuenta: 16945425-08 / Rut: 65.170.584-3 / Correo asociado a cuenta: [email protected]

Día mundial de la justicia social

En la reciente misión a la frontera con Venezuela y Colombia vimos a miles de personas escapando la falta de ingresos dignos. Lo mismo en la frontera sur de México, donde cada día, cientos de migrantes centroamericanos huyen de la pobreza para brindar, a su familia, las necesidades básicas para sobrevivir.

A pesar de que hemos llevado a cabo más de 200 misiones, en cada una no deja de impactarnos las condiciones en las que viven nuestras hermanas y hermanos. Y es que, como organización nacida en Latinoamérica, no podemos ser indiferentes a la desigualdad en las que operamos; desigualdad que genera vulnerabilidad a desastres de todo tipo.

Según OxFam ––organización especializada en el estudio de la pobreza a nivel mundial—nuestro continente es el más desigual del planeta. En América Latina, una persona puede llegar a ganar 16 mil veces más que otra; además, hay 165 millones de personas que, hoy en día, viven en la pobreza extrema y otros 200 millones podrían volver a ser pobres en un momento de menor crecimiento económico.

Es por eso que, como organización judía, sabemos que la máxima de Tikun Olamreparar el mundo— va mucho más allá del mero apoyo inmediato a quien lo necesita.

Por eso hemos decidido involucrarnos en proyectos microeconómicos para que generen cambios en la calidad de vida: iniciativas como Project Ten, por medio de la cual hemos apadrinado aldeas en los estados mexicanos de Chiapas y Oaxaca, o las chamarras con causa, Sicarú, que ayudan a mujeres artesanas a recuperarse del impacto del sismo en su vida laboral.

Son acciones pequeñas, pero que nos permite tener un impacto a largo plazo; estamos convencidos de que no basta con atender desastres naturales. La causa principal de la vulnerabilidad es la pobreza. Y si no salimos todos juntos, nos ahogamos.